Estoy leyendo un libro, si señores, el martirio universitario paró por lo que espero, sea el mes mas relajado de lo que va del año.
El libro, (Rapsodia Gourmet – Muriel Barbery (just in case están en el mismo estado de vaguez y buscan algo que hacer cuando terminen de dar vuelta netflix)) trata de un crítico culinario el cual es diagnosticado con un problema al corazón y resumiendo, le quedan 48 horas de vida y está decidido a encontrar en ese tiempo, ese plato que marcó su vida.
El libro en si, me puso a pensar cuanto valoro la comida, mas allá del simple comer porque tengo hambre ¿Tendría que salir de mi zona de comodidad (aka: papas fritas/chocolate/hamburguesas y toda esa gama gringa de fast food que todos amamos) y empezar a mis recién cumplidos 20 a conocer más?

Si bien con los postres no tengo ningún problema (como literalmente cualquier cosa con azúcar, desde una dona, pasando por una zanahoria hasta el dulce turco más empalagoso de la vida), con el resto soy bien mañoso.

Esta volá mística bien profunda digna de un viaje en bus de regreso a Santiago  de 6 horas con un tipo hablando (gritando) por celular y yo con insomnio, sumado a mi amor por conocer Santiago me hizo proponerme conocer más, y para hacerlo mas entrete, subirlo a la página (siempre bajo una onda súper personal y con ningún ánimo de darmelas de crítico (porque de verdad no cacho ná)), así ustedes también van conociendo lugares conmigo y se suman.

Y para poner la primera piedra, les cuento que la otra noche, fui a conocer el restorán en el castillo Forestal (Ok, la verdad es que había salido a caminar por el barrio y las hermosas estufas de la terraza y mi bajón dulce digno de hora de once me tentaron a pasar la hipotermia del momento ahí), ese que remodelaron justo en  frente del Bellas Artes y pese a que ahora les voy a contar solo de un postre, les prometo que voy a volver porque la carta se veía bien güena.

(Como fue algo súper improvisado, andaba con el celu en 2% y no pude sacar más fotos, pero primera y ÚLTIMA vez)

El restorán tiene un primer piso con mesas interiores, y un segundo piso con un interior y una terraza con una vista increíble (y lo mejor es que te dan mantitas!!!!)

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Luego de hacernos pasar y atendernos suuper bien (hace rato no sentía una onda tan rica en un restorán), mi antojo dulce me hizo preguntarle al mesero que me proponía, y me contó que recien habían lanzado una tabla dulce mezclando algunos postres de la carta misma y yo, como de diabético no tengo nada (aún :(), la pedí para mi solo.

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Cáchense la vista por favor!!

Ahora se preguntan ¿Qué tiene esa maravilla?

La tabla, tenía no una, dos porciones de panna cotta (lo que hoy averigüe (si, así de huaso) era una especie de crema de leche cuajada, que da una textura como de flan, aunque más suave) con una salsa de frambuesa, a eso se le sumaba la masa de tarta y un cubo cuadrado de chocolate, que tenía tres fases, una mas dura al exterior, luego un bizcocho y para terminar, un centro con un bizcocho mas cremoso, todo de chocolate.

Un postre super sencillito que acompañe con una copa de espumante del Castillo (considerando que estoy trabajando en una cafetería, lo que menos quería era tomar café), el cual, era suavecito, ni muy dulce ni muy amargo.

Y como verán, fue una visita muy express, pero desde el próximo me pongo serio, pido algo más cototo y les cuento en detalle como fué (pero mejor partir con algo ¿No? :P)

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